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dijous, 3 de desembre de 2009

El segon Novembre mes calid des de 1.996

Aquest més de Novembre a estat el segon mes calid des de 1.996 a Esplugues de Llob. També ha estat a la resta d'estacions d'arreu del nostre pais. Semble que la tendencia es de augment de les temperaturas mitjes. No obstant les fluctuacións amb les temperatures son distants d'un any al altre. L'any passat i l'anterior, el mes de Novembre vam ser molt mes freds en relació a la tendencia habitual.
Del quadre que teniu a sota podem fer varies lectures. L'any mes càlid va ser al 2.006 però si agafem els últims set anys ( per dividir el quadre en dos periodes), es cert que vam tindre el Novembre mes calid però la mitja de temperatures baixes hem tenim mes lectures que els primers set anys. Això que vol dir? que cada periode d'anys sempre tenim una màxima que destaca en temperatures records, però la resta d'anys es mes baixa de lo normal i la mitja sempre tendeix a baixar. Com si de un termometre natural intentés de calibrar el clima.
Podriem dir donç, que a pesar de tindre puntes de temperatures màximas, la tendencia al contrari de lo que pensem, es que tenim refredament global i no escalfament? O simplement un calibratge natural?

Messos de Novembre a Esplugues ( temp. mitjes ).

1.996-------12,7 ºC 2.003-------- 14,5 ºC
1.997-------13,8 ºC 2.004-------- 12,2 ºC
1.998-------12 ºC 2.005-------- 14 ºC
1.999-------10,8 ºC 2.006-------- 15,5 ºC
2.000------12,6 ºC 2.007-------- 11,9 ºC
2.001------14,4 ºC 2.008-------- 11,8 ºC
2.002------14,3 ºC 2.009-------- 14,5 ºC

dimecres, 12 d’agost de 2009

¿Vamos hacia una nueva era glaciar?

Eso es lo que afiman muchos investagores; el último, Khabibullo Abdusamatov, responsable de investigaciones especiales en el Observatorio Astronómico de Pulkvo. Este investigador afirma que en el 2012 comenzará un descenso de las temperaturas que desembocará en una nueva era glaciar.
En este artículo, el investigador ruso afirma que empezaremos a observar un descenso de temperatura entre el 2012 y el 2015, que culminará entre el 2050 y el 2060 dando paso a una era glaciar que prevee durará unos 60 años. La causa de este descenso de temperatura será un cambio en el ciclo solar, que no tendría nada que ver con la actividad humana
Teorías sobre el cambio climático hay muchas; el atribuirlo a un ciclo solar no es una idea nueva; de hecho, es una de las principales bazas de los opositores al protocolo de Kioto. La evidencia mas importante la tenemos en la llamada pequeña edad de hielo; un periodo que se extiende desde mediados del S.XIV hasta mediados del S.XIX, durante el cual las temperaturas fueron anormalmente bajas. No hubo ninguna explicación para este fenómeno hasta que el astrónomo Edward Maunder, tras estudiar los archivos históricos de las observaciones del sol, detectó que durante la pequeña edad del hielo el Sol había presentado un número anormalmente bajo de manchas solares, destacando el periodo 1645 a 1715, durante el cual no había observado ninguna mancha (este periodo se conoce como el mínimo de Maunder); da la casualidad de que uno de los años mas fríos de la pequeña edad de hielo fue 1650.
De todas formas, la teoría de la actividad solar no es la única que predice una próxima era glaciar; en los últimos años se ha formulado una teoría que, por paradojico que parezca, predice que el efecto del calentamiento global será una era glaciar. La respuesta a esta aparente contradicción hay que buscarla en las corrientes marinas.




Como podemos observar en el dibujo, las corrientes llevan las aguas cálidas del trópico a latitudes mas elevadas, evitando así que estas zona se congelen; en las zonas polares, el agua se enfría y eso la empuja de nuevo hacia el sur (las corrientes cálidas van por la superficie, las frías por el fondo marino). Como hemos dicho, una de las funciones básicas de esta corriente es calentar las latitudes mas elevadas, por lo que si dejara de fluir, estas zonas se congelarían; de hecho, muchos climatólogos atribuyen las eras galciares a un mal funcionamiento de estas corrientes.
¿Como puede el calentamiento global provocar una era glaciar? Muy simple; el calentamiento está provocando que los hielos polares se derritan, liberando una gran cantidad de agua dulce que interfiere en el funcionamiento de las corrientes y les hace perder fuerza. De momento no notamos su efecto, porque el calentamiento también provoca que la temperatura de estas corrientes sea mayor, lo que compensa la pérdida de fuerza; pero cuando los hielos polares hayan retrocedido lo suficiente, las corrientes se detendrán, lo que provocará una repentina caida de las temperaturas.
¿Quien tiene razón? Lo mas probable es que todos tengan una parte de razón; los efectos de la acción humana sobre el entorno saltan a la vista, como también son obvios los efectos de las corrientes marinas y el Sol; la clave está en determinar los porcentajes de responsabilidad de cada uno de estos elementos; en cualquier caso, una cosa está clara, nuestro conocimiento de como funciona el planeta es aún muy pequeño.

dimecres, 8 de juliol de 2009

Corrientes Oceánicas. Primera parte

Introducción:

El movimiento constante y dinámico del océano es más intenso y visible en la superficie. Las olas, las mareas y las corrientes superficiales promueven la mezcla de las aguas oceánicas, lo cual tiene efectos sobre la vida en los mares. Las corrientes y las olas están influenciadas por los vientos. Los vientos a su vez están influenciados por el calor generado por el sol. Las corrientes marinas transportan grandes cantidades de agua y energía en forma de calor, por lo que influyen en la distribución de la salinidad y de la temperatura. Como resultado se afecta el clima y la productividad de las aguas.

Propiedades físicas del agua

El agua salada tiene unas propiedades únicas que la distinguen de otros fluidos. Dentro de las propiedades físicas más importantes están su alto calor específico, su leve conducción de calor y la gran capacidad de disolución. En gran medida estas propiedades dependen de la temperatura, salinidad y presión.

La temperatura promedio del océano es de aproximadamente 17.5 ºC. La temperatura máxima es de 36 ºC en el Mar Rojo y la mínima es de – 2 ºC en el Mar de Weddell en la Antártida. La distribución de temperatura de las aguas depende de la radiación solar y de la mezcla de las masas de agua en el océano.

Las aguas cálidas superficiales transmiten el calor a las aguas próximas debajo de ellas formando una zona de productividad, aproximadamente de 200-400 m. A los 1000-1800 m la temperatura disminuye gradualmente y bajo los 1800 m el agua se mantiene fría.
La salinidad de la superficie del agua depende mayormente de la evaporación y la precipitación. En zonas tropicales donde la evaporación es mayor que la precipitación encontramos agua de mayor salinidad (>350/00). En las regiones costeras, el agua dulce desemboca cerca de las bocas de los ríos y la salinidad generalmente no excede de 15-200/00.. En las zonas de los polos, el proceso de congelamiento y derretimiento de los hielos ejerce mayor influencia sobre la salinidad de las aguas superficiales. En el verano del Ártico, encontramos las salinidades más bajas (~290/00).

La salinidad promedio del océano es de 350/00 pero ésta puede variar dependiendo de la estación, la latitud y la profundidad. En conjunto, la temperatura y la salinidad afecta la densidad del agua. A su vez, la densidad afecta muchos otros parámetros como los procesos de mezcla de las diferentes masas de agua y la transmisión de sonido. Aguas estratificadas evitan la mezcla del agua superficial con el agua de la profundidad, mientras que aguas poco estratificadas favorecen la mezcla.

En estas gráficas se muestran perfiles de la columna de agua para el mes de febrero colectadas en un gradiente costero-oceánico desde 10 Km. hasta 46 Km. de la costa, en la zona sur de Puerto Rico (La Parguera). La gráfica de arriba a la izquierda, nos indica la densidad. La salinidad está representada en la gráfica de arriba a la derecha. Las gráficas de abajo muestran, a la izquierda, la temperatura y a la derecha la concentración de clorofila-a. En ellas, podemos observar una capa mixta superficial con estratificación permanente. Se muestra un picnoclino (cambio abrupto en la densidad del agua) y un termoclino (cambio abrupto en la temperatura del agua). Ambos cambios están asociados a un aumento en salinidad y una disminución en la temperatura según aumenta la profundidad. Para tomar estos datos se utilizan instrumentos oceanográficos como el (CTD) que se ve a la derecha, por sus siglas en inglés “Conductivity Temperatura and Depth”

Patrones de Viento

Debido a la rotación de la Tierra, todo lo que se mueve en su superficie no sigue una línea recta, sino que tiende a girarse hacia un lado. Esto se conoce como el efecto de Coriolis. El efecto es muy leve para sentirlo cuando caminamos o vamos en un carro, pero es muy importante en distancias grandes. Esta desviación afecta el curso de proyectiles y obviamente el de los vientos y las corrientes. La desviación es hacia la derecha en el Hemisferio Norte y hacia la izquierda en el Hemisferio Sur.

Los vientos son los responsables de producir las olas y las corrientes en el océano. A su vez es el calentamiento solar lo que impulsa los vientos. La mayor energía solar se recibe en el Ecuador, por eso el aire es más caliente en el Ecuador y más frío en los polos. El aire caliente, por ser menos denso, se eleva en el Ecuador, por lo que se forma una baja presión. Según el aire caliente se aleja del Ecuador hacia el norte o hacia el sur, se enfría y se torna más densa y baja. Esto ocasiona un gradiente de presión y otra masa de aire tiene que remplazarlo, ocasionando el viento. Entonces se forma una celda de circulación o de convección.

Cuando el aire caliente del Ecuador asciende se forman las calmas ecuatoriales (“doldrums”) y al ser reemplazado por aire de latitudes más altas, se forman los Vientos Alisios (“Trade Winds”). Estos soplan del noreste y sureste desde las altas presiones subtropicales hacia las bajas presiones tropicales del Ecuador. Estos vientos son constantes y traen las típicas brisas del noreste a Puerto Rico. Los otros vientos también son impulsados por la energía solar, pero tienden a ser más variables que los alisios.









En las latitudes templadas, los vientos céfiros del oeste (“Westerlies”) soplan desde las altas presiones subtropicales hacia las bajas presiones templadas. En las latitudes altas, las fuertes y altas presiones polares engendran los Vientos Solanos del Levante que soplan del este (“Polar Easterlies”), los vientos más variables que hay.

Corrientes Geostróficas

Hay dos tipos de corrientes en el océano: las corrientes superficiales, que constituyen el 10% del agua del océano y se encuentran desde los 400 m hacia arriba y las corrientes de agua profunda o la circulación termohalina que afectan el otro 90% del océano.

Las corrientes oceánicas están influenciadas por fuerzas que inician el movimiento de las masas de agua, estas son: el calentamiento solar y los vientos. El balance entre otro tipo de fuerzas influye en la dirección del flujo de las corrientes, la fuerza de Coriolis (que es siempre hacia la derecha en el Hemisferio Norte) y la gravedad la cual se dirige hacia el gradiente de presión. Estas corrientes marinas se conocen como Corrientes Geostróficas, (del griego strophe, giro: fuerzas provocadas por la rotación de la tierra).

El calentamiento solar causa la expansión del agua. Ya que, cerca del Ecuador las temperaturas son más altas, esto causa que el nivel del mar esté cerca de 8 cm. mas alta que en las latitudes medias. Esto causa una pendiente o inclinación en el nivel del mar y el flujo del agua tiende a fluir hacia abajo, en dirección de la pendiente.


Los vientos que soplan en la superficie empujan el agua desplazándola en la dirección de donde provienen. Lo que ocasiona que el agua tienda a amontonarse en la dirección que sopla el viento. Entonces, la gravedad tiende a halar el agua en contra del gradiente de presión o sea descendiendo por la inclinación de la pendiente. Pero debido a la rotación de la Tierra, la fuerza de Coriolis, causa que el movimiento del agua sea 45º hacia la derecha de la dirección del viento, en el Hemisferio Norte y 45º a al izquierda de la dirección del viento, en el Hemisferio Sur, alrededor de los centros de amontonamiento. Este flujo de agua produce grandes corrientes circulares en las cuencas oceánicas que se conocen como Giros. Esta ilustración simplificada muestra los giros del Océano Atlántico.








El giro del Atlántico Norte está separado en cuatro corrientes distintas. La Corriente Ecuatorial del Norte, la Corriente del Golfo, la Corriente del Atlántico Norte y la Corriente de las Canarias.








Los Vientos Alisios que soplan del este desplazan el agua formando la Corriente Ecuatorial del Norte. En el margen Oeste del Atlántico se encuentra una masa continental continua, Norte, Centro y Sur América. De manera que la corriente tiene que moverse hacia el norte, entonces se conoce como la Corriente del Golfo. Al acercarse al Polo Norte, influida por los vientos del oeste, cruza el Atlántico formándose la Corriente del Atlántico Norte. Allí tropieza con otra masa de tierra, las Islas Británicas, Europa y África, por lo que fluye hacia el sur tornándose en la Corriente de las Canarias.

En el giro del Atlántico Sur, se forma la Corriente Ecuatorial del Sur, ocasionado por los Vientos Alisios del sureste. Al chocar con la masa continental de América del Sur se forma la Corriente de Brasil. Al acercarse al Polo Sur fluye de oeste a este y equivale a la Corriente del Atlántico Sur. La corriente del sur sube por África y representa la Corriente de Benguela.

El nivel del mar es más elevado en el Pacífico tanto en el norte como en el sur formando la Contracorriente del Ecuador, una estrecha banda alrededor del Ecuador (2 º N y 2 º S).

Aunque de una forma simplificada se describieron los dos grandes giros del Atlántico. En el Norte el giro es a favor de las manecillas del reloj y el del Sur en contra de las manecillas del reloj.

Podemos asimismo describir las corrientes en el Océano Pacífico. Al igual que en la cuenca del Atlántico tenemos la Corriente Ecuatorial del Pacifico Norte, que se desplaza de este hacia el oeste. Luego al ser interrumpida por las costas de Asia sube por la costa de Japón y se convierte en la corriente Kuroshío que guiada por los vientos Céfiros del oeste se torna en la Corriente del Pacífico Norte. Posteriormente baja como la corriente de las Aleutas y la Corriente de California, y al llegar al Ecuador cierra así el giro del Pacífico Norte.


En el giro del Pacífico Sur, tenemos la Corriente Ecuatorial del Pacífico Sur que eventualmente baja como la Corriente Australiana y cruza el océano como la Corriente del Pacífico Sur. Luego sube como la corriente del Perú tornándose otra vez en la Corriente Ecuatorial del Pacífico Sur, para completar el giro del Pacífico Sur. Al igual que en el Atlántico, en el Norte el giro es a favor de las manecillas del reloj y en el del Sur es en contra de las manecillas del reloj.

Hay una corriente que fluye alrededor de la Antártica, que se dirige de Oeste a Este. Es la única corriente que le da la vuelta a la Tierra. Esta se conoce como la Deriva del Viento del Oeste (“west wind drift”)

Las corrientes se pueden dividir en corrientes cálidas o calientes, que en el diagrama superior están representadas con las flechas de color rojo y las corrientes frías, que equivalen a las flechas azules.


Corrientes Cálidas y Frías

Las corrientes marinas superficiales trasportan un gran volumen de agua y energía en forma de calor, por lo que influyen en la distribución de la temperatura. Como resultado afecta el clima del planeta. Es por esto que el océano se conoce como el termostato de la Tierra

Esta imagen de satélite representa las corrientes cálidas y frías al igual que la ilustración anterior. Los colores equivalen a la temperatura de la superficie del agua (rojo más caliente, verdes y azules más frías)



Una de las propiedades del agua es su gran capacidad de calor. Las corrientes cálidas al oeste de las cuencas del océano, como la corriente del Golfo, puede transportar gran cantidad de energía en forma de calor hacia los polos. Por otro lado, corrientes frías, como la del Labrador, que bajan por el este de los polos, ayudan a refrescar los trópicos. Las corrientes cálidas, producen un aumento de la temperatura del aire y mayor concentración de vapor de agua en la atmósfera y por tanto, aumenta la humedad. Las corrientes frías disminuyen temperatura del aire y la concentración del vapor del agua en la atmósfera, por lo que baja la humedad. Sus efectos en el clima son evidentes, un ejemplo de esto ocurre en las costas de Escandinavia, zona cercana al Polo Norte donde no se forma hielo y las temperaturas son más altas de las esperadas para su latitud. También, por eso, encontramos arrecifes de coral en latitudes más altas, en los márgenes del oeste de las cuencas. Por esta razón, se dice que las corrientes oceánicas son el termostato de la Tierra ya que amortiguan las fluctuaciones termales.

Las corrientes son más fuertes en los márgenes del Este de los continentes de Asia y América del Norte, o en el lado oeste de las cuencas oceánicas. Esto se debe al amontonamiento del agua causado por los Vientos Alisios que soplan de Este. Para medir las corrientes, se utilizan equipos electrónicos tales como correntómetros, boyas a la deriva, entre otros.


Los números representados en esta ilustración muestran el índice de velocidad del flujo de las corrientes en “sverdrups” (1sv = 1 millón de metros cúbicos de agua por segundo)



La Corriente del Golfo es un ejemplo de las Corrientes de Margen o de Frontera
(Boundary Currents). Es una de las corrientes tropicales más fuertes del planeta.


Corrientes Termohalinas

El término termohalino proviene del griego, “thermos” es caliente, y “alinos” es salino. Las corrientes de agua profunda o la circulación termohalina comprenden el 90% de las corrientes del océano. De ninguna manera las aguas profundas están estancadas, sino que son dinámicas. Estas aguas se sumergen hacia las cuencas oceánicas ocasionadas por fuerzas de cambios en densidad y la gravedad. Las diferencias en densidad son reflejo de las diferencias en temperatura y salinidad. Las corrientes de aguas profundas se forman donde la temperatura del agua es fría y las salinidades son relativamente altas. La combinación de altas salinidades y bajas temperaturas afectan la densidad del agua tornándola más densa y más pesada provocando que se hunda. Esto ocurre en las zonas polares, y al hundirse se desplazan hacia las zonas ecuatoriales. El agua de las zonas ecuatoriales, en cambio, es cálida y tiende a desplazarse hacia las zonas polares a través de la superficie. La disolución de oxígeno es mayor en aguas frías. Al sumergirse estas aguas transportan oxigeno a las agua profundas. Esta fuente de oxígeno permite la existencia de la vida en aguas oceánicas profundas

El diagrama a continuación, nos ilustra los lugares donde se sumerge el agua de superficie, por tanto, donde se forma agua profunda. Estas son las zonas de color violeta y azul ubicadas en los Polos Norte y Sur. El agua fría entonces se mueve hacia zonas tropicales y emerge en la superficie. Aquí representada por el color verde claro. Esto permite el intercambio de oxígeno, nutrientes y energía de calor entre otras cosas, entre los polos y las zonas tropicales.


Las aguas profundas se forman en mayor medida en el Atlántico Norte, agua más densa por ser más salada y fría. Al sumergirse hacia el fondo mantiene la circulación oceánica en movimiento como si fuera un gran pistón. Las aguas del Océano Índico son muy cálidas para hundirse. En el Pacífico Norte, aunque el agua es fría no alcanza la salinidad necesaria para hundirse al fondo oceánico, pero forma agua con densidades intermedias. Esto es causa mayormente a la precipitación.
Los procesos que cambian la salinidad del agua son la precipitación, la evaporación y el congelamiento del agua. La temperatura del agua cambia predominantemente por el calentamiento solar. Estos procesos ocurren principalmente en la superficie. Una vez la masa de agua se sumerge la salinidad y la temperatura no puede cambiar, por lo que estas características únicas quedan impresas en las masas de agua en la superficie como si fueran una huella. Esto permite a los oceanógrafos identificar el movimiento de las masas de agua a través de grandes distancias.
Al sumergirse el agua en la superficie, su posición en la columna de agua depende de su densidad. La capa superficial al ser más caliente y menos densa se mantiene arriba. En términos generales tenemos una masa superficial que se encuentra entre los 100 a 200 m. En la mayoría de los casos, se conoce también como la capa mixta, ya que está mezclada bajo la acción de los vientos y las olas. En este diagrama simplificado se ilustran las tres capas de agua en la columna de agua.

Le sigue a la capa mixta una zona de transición donde el cambio de la temperatura con profundidad es abrupto. A esta capa se le conoce como el termoclino. Ocurre a una profundidad aproximada de 1500 m. Termoclinos más llanos y que varían con las estaciones ocurren en agua cercanas a las costas. En este caso nos referimos al termoclino que ocurre en las aguas oceánicas y que separan las masas de agua superficiales de las masas de agua profundas. Estas masas de agua están por debajo de los 1500 m y son frías con una temperatura promedio de 4 ºC.
Cinturón de transporte oceánico (“Conveyor Belt”)
En este diagrama se ilustran las corrientes superficiales (en amarillo) y las corrientes de agua profundas (en verde). El agua profunda del Atlántico se inicia al sur de Groenlandia donde aguas mas frías y saladas se hunden y se desplazan por el fondo e inician su viaje hacia el sur del Atlántico. Las masas de agua superficiales tienen a su vez que reemplazar las masas de agua que se hunden.


Mayormente, en el Hemisferio Norte, éstas son remplazadas por las aguas cálidas que vienen de la Corriente del Golfo. Como resultado hay una interconexión global en los patrones de circulación oceánica. Esta compleja conexión entre las corrientes oceánicas, se conoce como el Cinturón de Transporte Oceánico (Conveyor Belt). La misma dirige y afecta los patrones climáticos, transportando energía de calor y humedad alrededor de la Tierra. Pero esta conexión es vulnerable y podría se interrumpida o cambiar de dirección. Evidencia científica demuestra que ya ha ocurrido en el pasado. Una posible causa fueron los movimientos de los continentes con la fragmentación de las Placas Tectónicas. También se ha comprobado que estos cambios han traído cambios globales en los patrones climáticos. Estos incluyen cambios en los patrones de viento, retraimiento y avances de los hielos, fluctuaciones de precipitación entre otros. No debemos poner en riesgo este sistema climático.

En estos momentos no hay consenso entre los científicos, en las repercusiones reales y lo posibles efectos adversos, que puedan surgir con el aumento de los gases de invernadero y el calentamiento global. Se ha sugerido que cuando la corriente termohalina circula con mayor rapidez, transporta las aguas de los océanos Pacífico, Índico, y Atlántico sur, hacia el Atlántico tropical y hacia el Atlántico norte. Este movimiento es de vital importancia para la formación de huracanes y por supuesto para Puerto Rico. El cambio en la velocidad de este tipo de circulación puede ser afectado por diversos factores. Uno de gran importancia sería, la formación de las aguas al sur de Groenlandia Que aun cuando permanecen frías pudieran ser menos saladas, debido al deshielo en el área del Polo Norte. Esta agua se tornaría menos pesada y por tanto menos densa. Al tener menos peso y ser menos densa se hundiría a menor profundidad, de manera, que requerirá menos volumen de agua desde el ecuador para reemplazar la masa de agua que se hunde.

En resumen, la estabilidad y operación de este Cinturón de Transporte Oceánico es necesario para la estabilidad del planeta. Fluctuaciones en la dirección o velocidad de esta corriente, tendría efectos adversos. Entre algunos de los factores que se afectarían se encuentran, las fluctuaciones en el intercambio de oxígeno y nutrientes, entre las masas de agua superficiales y aguas profundas. Se alteraría la distribución y formación de los vientos, surgiría una modificación en los patrones climáticos globales. Por otro lado entre los factores que se afectarían a corto plazo, se pueden mencionar, la frecuencia y formación de huracanes y las variaciones en tiempo y espacio de las zonas de sequía y precipitación. Todos estos cambios se traducen en un impacto y deterioro de los patrones que conocemos hoy día, como consecuencia se afectaría el Planeta y los organismos que aquí habitamos.



Fuente◦: http://cremc.ponce.inter.edu/360/index.htm

dimarts, 16 de juny de 2009

La influencia del sol en el clima.


El mínimo de Maunder: ¿Qué le sucedió al Sol entre 1645 y 1715?

Pues parece ser que, durante ese periodo, nuestra estrella tuvo una actividad tan baja que, en la Tierra, se padeció un periodo conocido como la “Pequeña Edad de Hielo”, en el que los ríos se congelaron, hubo cosechas insuficientes para alimentar a la población, las enfermedades diezmaron a las gentes y, en general, se sufrió mucho para poder sobrevivir. ¿Qué le ocurrió al Sol para cambiar tanto y tan repentinamente?
No cabe duda de que consideramos al Sol como un astro bastante constante. Su majestuoso y seguro recorrido por nuestro cielo nos hace pensar que es el ejemplo perfecto de regularidad. Y, sin embargo, son muy numerosos los indicios que apoyan la idea de que el Sol no ha mantenido el mismo nivel de actividad durante el último milenio. ¿Ha tenido pues nuestra estrella episodios de “energía” menguada, en los que las manifestaciones de su gran poder han sido puntuales e infrecuentes? Y, en particular, parece ser que entre la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII su actividad era tan insignificante que la Tierra, al no recibir la cantidad de radiación suficiente, casi enferma de hipotermia planetaria. ¿Tuvo lugar realmente ese periodo de frío intenso hace más de dos siglos, y si es así, por qué sucedió?
Todo empieza en 1843. Heinrich Samuel Schwabe (1789-1875), farmacéutico alemán aficionado a la Astronomía, con el ánimo de encontrar a Vulcano, un hipotético planeta entre el Sol y Mercurio, inicia una exhaustiva recopilación de sus observaciones disponibles de las manchas solares (abarcaban desde 1826), que son las más evidentes manifestaciones de la actividad solar (figura 1). Descubrió que su número varía periódicamente. En años apenas se veían, después en unos pocos aumentaban en cantidad, manteniéndose en número a lo largo de un par de años, y por último, poco a poco empezaban a menguar durante cinco o seis años más. En total, once años, aproximadamente, en los que era claro que existía un ciclo, con máximos en los que se observaban gran cantidad de manchas solares y mínimos en los que apenas de distinguían.
Otros astrónomos pronto continuaron la labor de Schwabe, mejorando el rigor de las observaciones, pero medio siglo después de que él empezara su tarea, en 1893, Edward Walter Maunder, del Royal Greenwich Observatory, en Gran Bretaña, decidió construir la llamada ’curva undecanal’, es decir, mostrar en un gráfico la actividad solar durante un extenso periodo de tiempo. Se basó en observaciones fiables de Galileo Galilei (1564-1642) y de otros astrónomos de la época para el intervalo que abarcaba desde la aplicación del telescopio hasta 1700.
Maunder constató, asombrado, que a partir de 1643, las observaciones no incluían la presencia de grandes cantidades de manchas solares. De hecho, no había casi ninguna anotación entre ese año e inicios del siglo XVIII. Para divulgar sus hallazgos, Maunder publicó en 1894 un artículo en el que llegaba a una conclusión extraordinaria: durante casi setenta años, en el intervalo que abarca desde 1645 hasta 1717, el Sol no había mostrado prácticamente ni una mancha en su superficie (1). Y esto es extraordinario porque incluso en los momentos de menor actividad, casi siempre es posible ver alguna. No se estaba considerando no observar manchas solares durante un mínimo, que abarca dos o tres años, sino a lo largo de seis largos ciclos de actividad solar. Es más, parece ser que las manchas observadas en todo ese espacio de tiempo era más o menos similar a las vistas en un mínimo cualquiera. Y aún algo más increíble; según el estudio de Maunder, existía una década (desde 1660 hasta 1670), en la que nadie, absolutamente nadie, había podido detectar una sola mancha solar. En otras palabras, durante un ciclo entero, el Sol había evidenciado un funcionamiento mínimo, al relantí, algo traducido en su superficie como inexistencia total de manchas. Un descubrimiento tan sorprendente e importante merece encuadrar a Maunder dentro del reducido grupo de astrónomos que con sus aportaciones han cambiado radicalmente la visión que teníamos del Universo. Maunder nos reveló que el Sol cambia, que su vida no ha sido siempre igual de monótona, sino que ha padecido periodos en los que reducía su actividad a la mínima expresión, algo que no era esperable de ninguna manera en un astro tan estable.
Pero Maunder no tuvo suerte. Su artículo fue seguido por muy pocos astrónomos, aunque para realizarlo había contado con la ayuda en la documentación de otros compañeros observadores. Y si nadie confió en lo que Maunder decía fue debido más a una cuestión de fe en las teorías establecidas que por fallos o errores en la teoría del astrónomo inglés. El único punto débil que podía achacársele a Maunder fue sustentar sus ideas en una base de datos carente de la total fiabilidad. En efecto, los registros no ofrecían mucha seguridad de que fueran correctos o cuidados. Aunque fueran los más numerosos, los informes poco fiables estaban confirmados por los de otros magnos astrónomos, de los cuales no cabía duda razonable alguna de su buen hacer como observadores, ya que su vida estaba llena de importantes y difíciles descubrimientos, pero ni aún así Maunder recibió la atención que merecía.
John Flamsteed (1646-1720) primer astrónomo real inglés, de gran reputación y agudeza visual (preparó un catálogo de 3.000 estrellas en el que consignaba su posición con una precisión de 10 segundos de arco, una verdadera hazaña para la época), reseñó que por fin había podido observar una mancha solar, tras varios años intentándolo.
Por otra parte, el no menos célebre Giovanni Domenico Cassini (1625-1712), bastante antes que Flamsteed, conservaba observaciones muy antiguas, desde prácticamente 1645, es decir, a partir de cuando Maunder había considerado el inicio de su periodo de escasa actividad. Lo que Cassini escribió en 1671 se convertiría en una importante baza a favor de la teoría de Edward Maunder: aquel año, el astrónomo italo-francés había visto una mancha solar; por primera vez en …¡veinte años!. Cassini no era precisamente un astrónomo de poca habilidad visual. Para los que conozcan un poco a este extraordinario observador, recordar que además de descubrir la banda oscura entre los anillos de Saturno (división de Cassini), efectuó multitud de estudios sobre la rotación de Marte, las cinturones nubosos de Júpiter, las distancias planetarias, etc. En otras palabras, era uno de los astrónomos de mayor capacidad y talento que han existido. Si Cassini había visto una mancha solar después de veinte años de no captar ninguna, había, por fuerza, que creerle.
Asimismo, el francés Jean Picard (1620-1682) dejó escrito que el llevaba una década entera sin avistar ninguna mancha hasta que por fin vio una, precisamente en 1671, el mismo año que Cassini.
Sin embargo, el recelo a aceptar los estudios de Maunder era por otros motivos. Tal vez aunque el mismo Newton hubiera certificado la inexistencia de manchas solares durante prácticamente toda su vida (curiosamente casi coincide con el periodo de que estamos hablando, 1642-1727), los científicos de principios del siglo pasado continuarían obcecados en rechazarlo. Y esto es así porque lo que Maunder estaba destrozando la visión aceptada de un Sol con un ciclo de actividad perfectamente establecido, de once años, que se había constatado al milímetro durante los últimos 170 años (figura 2)







Figura 2: Recuento del número de manchas observadas en la fotosfera solar desde los primeros registros telescópicos (hacia 1610) hasta 1998. Es clara la perfecta periodicidad de aproximadamente once años que presenta el ciclo solar, pues desde 1720 hasta la actualidad se ha presentado sin apenas modificaciones. El periodo de escasas o nulas manchas solares también aparece con nitidez entre 1645 y 1715, y con anterioridad (1610-1645) las anotaciones, aunque fragmentarias, evidencian que se registraban bastantes manchas solares. (A. A. González Coroas)

. Lo extraño es que antes incluso del periodo de mínimas manchas solares, es decir, el intervalo que abarca entre las primeras observaciones telescópicas (hacia 1610) y el inicio del propio mínimo (1645), han quedado registradas gran cantidad de manchas, en especial en 1615, cuando parece ser que se alcanzaron valores cercanos a los de un máximo solar normal. En otras palabras, antes y después del periodo que estamos analizando había manchas en número abundante, y entre 1645 y 1715 apenas aparecen unas pocas. Su escaso o nulo número es constatado por observadores prestigiosos y así lo recoge y expone Maunder a la Royal Astronomical Society. Pero nadie le reconoce su acertado enfoque del fenómeno.
De hecho, ha de pasar prácticamente tres cuartos de siglo hasta que se redescubre el trabajo de Maunder. Incluso en una época tan próxima a nosotros como 1965 se continuaba ignorando el prolongado mínimo de manchas solares, sobretodo porque se creía que en ese intervalo de tiempo los datos no eran fiables, aunque ya hemos visto que no era así. Incluso un científico de la talla de George Gamow (1904-1968), en su famoso libro “Una estrella llamada Sol”, de 1964, iniciaba el recuento de manchas desde 1750, prácticamente a partir del fin del mínimo de Maunder (figura 3)




Figura 3: gráfico extraído de la obra de G. Gamow “Una estrella llamada Sol”, en el que se observa que considera el inicio de los registros fiables en 1750, justo después de finalizar el mínimo de Maunder. (G. Gamow)

Debemos esperar hasta 1970 para que el astrónomo solar John A. Eddy (High Altitude Observatory, Colorado, EE.UU.) analizara los estudios de Maunder con nuevos datos y observaciones a las que este último no tenía acceso, y publicara a su vez un artículo donde certificaba que las ideas de Maunder eran esencialmente correctas, bautizando como “Mínimo de Maunder“ el periodo correspondiente entre 1645 y 1720. Eddy apoyó sus conclusiones en una serie de importantes premisas (2), entre las que caben destacar sobretodo tres puntos, a saber: la cantidad de auroras visibles en ese intervalo, el análisis del 14C (carbono 14) en los anillos de crecimiento de los árboles, y el clima que sufrió nuestro planeta durante el propio Mínimo.
1) Las auroras (figura 4), esos magníficos espectáculos de luz que pueden observarse en altas y bajas latitudes (auroras boreales y australes), son debidas a que partículas energéticas procedentes del Sol, generalmente expulsadas tras la aparición de fáculas en la superficie de la estrella, alcanzan a la Tierra, y son desviadas por nuestro campo magnético hacia las regiones polares, donde entran en contacto con la alta atmósfera del planeta y se ionizan, es decir, los átomos pierden o ganan electrones y, por tanto, ya no son neutros, sino que adquieren carga eléctrica. Esta ionización de las partículas solares provoca la excitación de los átomos de oxígeno y nitrógeno presentes en la misma ionosfera, lo que se traduce en la formación de brillantes auroras. Bien, las auroras son, por tanto, una manifestación de la actividad solar. Cuando el Sol está muy activo y son abundantes las fáculas en su superficie, se expulsan gran cantidad de partículas de alta energía, llegan a los polos terrestres y excitan los átomos de la ionosfera. A mayor número de partículas, más auroras y de mayor intensidad en su brillo podremos observar.

Si la actividad solar durante el Mínimo de Maunder hubiera sido tan baja, los registros de auroras, por fuerza, deberían ser a su vez igual de escasos, y aquí no había posibilidad alguna de error en las observaciones, pues para ver una aurora el único requisito es hallarse en una zona cuánto más próxima al polo mejor. Son tan brillantes y espectaculares que a simple vista es el mejor método para disfrutarlas.








Figura 5: gráfica con el número de auroras aparecidas en cada década desde el año 275 hasta 1730, según diferentes archivos históricos. (Modificado de “Sunspot cycles”, D.J. Schove )


Eddy estudió a conciencia los archivos, y constató que, por término medio, en los pueblos europeos de la época, durante los 70 años del Mínimo de Maunder las auroras que deberían haberse observado, según la extrapolación, sería de entre 1.000 y 5.000. Sorprendente es el hecho de no haber quedado registradas más que unas pocas decenas (figura 5), y parece ser que hubo un periodo de algunos años en el que no se vio ni una sola aurora.
Consecuentemente, tenemos que las auroras, que son una consecuencia de la actividad solar, apenas fueron observadas durante justamente el mismo intervalo de tiempo en que en el Sol el número de manchas solares era muy bajo o inexistente. Es una prueba más, por tanto, de que efectivamente entre 1645 y 1720 nuestra estrella sufrió un mínimo importante.
2) En segundo lugar, como indicio tal vez aún más importante que el anterior, es el hecho de encontrar en la dendrocronología y en el análisis del 14C en los árboles un apoyo extraordinario a las ideas de Maunder. La dendrocronología es el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles centenarios o milenarios, para extraer información sobre las condiciones climáticas del pasado de nuestro planeta. Como si de un calendario de la vida del propio árbol se tratara, cada uno de sus anillos corresponde a un año de crecimiento. Contando los anillos concéntricos, desde el más interno (el más antiguo en edad, que pertenece a las primeras etapas de existencia del árbol) hasta el más externo se puede calcular su edad aproximada. Pero lo más interesante de la cuestión es que no todos los años quedan registrados por igual. Cuando las condiciones climáticas son benignas, el espesor del anillo es mayor, y cuando el año ha sido más duro, el anillo es muy estrecho. En realidad, y aunque parezca extraño, entre dos anillos gruesos (o sea, entre dos años benignos), se pueden contar, más o menos, 10 anillos de menor espesor. Se desprende, pues, que en los anillos de los árboles quedan registrados los ciclos de actividad solar (o mejor dicho, lo que queda registrado es la variación climática en la Tierra, que a su vez depende bastante de la actividad solar).
Además, lo más trascendente del asunto es que en los mismos árboles podemos encontrar la cantidad de 14C que ha sido absorbida por ellos en cada periodo de tiempo. Aunque esto no parezca importante, es sin embargo el punto culminante en la demostración de la existencia del Mínimo de Maunder.
El carbono 14 se produce al impactar los rayos cósmicos en el campo magnético terrestre. Los rayos cósmicos son partículas de alta energía, procedentes del Sol (3). Son capaces de causar modificaciones genéticas en los seres vivos si llegaran a la superficie terrestre. Gracias a la acción protectora de nuestro campo magnético, una especie de caparazón que engloba a la Tierra, los rayos cósmicos no causan daños de importancia. Pero una pequeña cantidad de rayos cósmicos llega a la alta atmósfera, donde tiene lugar una reacción que produce 14C. El carbono se incorpora a los árboles, y la relación de este 14C con el 12C (el carbono “normal” del árbol), que se depositan cada año, nos informará sobre la actividad solar de este modo: si el Sol muestra una actividad elevada, en la relación 14C-12C, dominará el 12C, al no haberse fijado apenas 14C. Por contra, si la actividad solar es baja, nuestro campo magnético no tendrá la fuerza suficiente para repeler los rayos cósmicos, éstos impactarán en la atmósfera y formarán mucho 14C. Al revisar los archivos de la relación 14C-12C en el pasado, si el 14C destaca notablemente, será lógico suponer que entonces la actividad solar fue baja. ¿Cuál fue la proporción 14C-12C durante el Mínimo de Maunder?
Para saberlo, debemos observar un gráfico (figura 6) en el que nos muestren el ritmo de producción del 14C con respecto a los años, e ir descubriendo si ha habido intervalos de tiempo en los que la relación del 14C-12C ha sido inhabitual.
Lo que más destaca del gráfico en cuestión es que ha habido varios periodos en los cuales el 14C tenía una proporción muy alta con respecto al 12C, es decir, que el Sol mostraba poca actividad. A medida que nos acercamos hasta las fechas más recientes podemos ver que en el siglo XI hubo un nivel muy alto de 14C (algo que se corresponde con el Mínimo de Norman, 1010-1090), otro aún más profundo hacia el siglo XIV (Mínimo de Wolf, 1280-1350), y el más intenso de todos, que abarca todo el siglo XV (Mínimo de Spörer, 1400-1510). No obstante estos datos, todavía no puede afirmarse de manera rotunda la existencia de estos mínimos, porque no están corroborados con pruebas suficientes. En cambio, hacia el final del gráfico hay otro máximo de


producción de 14C, que sin duda alguna corresponde al Mínimo de Maunder.







Figura 6: gráfico con la relación de 14C-12C medida en árboles centenarios y milenarios. La proporción positiva indica una mayor absorción del 14C y, por tanto, un debilitamiento en la actividad solar. El Mínimo de Maunder está representado al final del gráfico, y es, junto con el de Spörer, el más profundo de todo el registro.

La comparación entre el gráfico de la aparición de las auroras y el de la producción de 14C evidencia que existe una fuerte conexión entre ambos. Estos dos métodos para el estudio de la actividad solar son suficientes por sí mismos para considerar que el Mínimo de Maunder tuvo lugar realmente, o, al menos, que entre 1645 y 1720 el Sol padeció un intervalo de casi total inanición.
Pero aún resta analizar otro punto fundamental: ¿qué le ocurrió a nuestro planeta durante el Mínimo? Acabamos de ver que las auroras fueron muy escasas, y que los árboles absorbieron mucho 14C, signos ambos de una baja actividad solar. Pero, en la Tierra, ¿el clima cambió? Es de suponer que si el Sol no manifestó actividad, el planeta debió sufrir alguna consecuencia climática. ¿Qué nos dicen los registros de la historia al respecto?
Si analizamos los archivos de temperatura disponibles, ya no sólo desde el siglo XVII, sino desde hace unos pocos miles de años, podemos correlacionar mejor la posible correspondencia entre actividad solar y clima terrestre (figura 7). Vemos que hacia principios del segundo milenio la temperatura había alcanzado un máximo muy destacado; era una época cálida. Seguidamente entramos en un periodo gradualmente más frío, que llega al mínimo de calor recibido hacia mediados de milenio (siglo XVI). A partir de entonces la temperatura fue aumentando poco a poco, y aunque en Groenlandia durante el siglo XVIII hubo casi un siglo de normalidad climática, y posteriormente se inició otro intervalo de mínimo térmico, esto no fue lo habitual en otros sitios. Ese periodo frío de entre el año 1500 y 1800, la “Pequeña Edad del Hielo”, tiene una fuerte conexión con el Mínimo de Maunder, y se apoya en las evidencias indirectas de formación de auroras y 14C que hemos visto.
Figura 7: medidas de la temperatura registrada en Groenlandia durante los últimos 2.500 años, obtenidas mediante la recogida de muestras de hielo. (A. Uriarte)

Son muy numerosas las diferentes manifestaciones culturales del siglo XVII y XVIII en las que aparecen representados los momentos cotidianos de las gentes de la época. Pueden llamar la atención muchas cosas, pero si observamos, por ejemplo, cuadros ingleses que muestran al río Támesis, comprobaremos asombrados que las fiestas populares no se organizaban en las calles londinenses, como sería de esperar, sino que tenían lugar… ¡sobre el mismo río! No es que los ingleses fueran capaces de permanecer flotando por encima del agua, sino que el Támesis estaba ¡totalmente congelado!. Algo tan insólito no es en absoluto habitual. Incluso en los periodos de mayor dureza climática la historia no habla de tal hecho a lo largo de los siglos.
Y en España también hay otras muestras de que en nuestro país se sufrió y mucho durante la época del Mínimo de Maunder. De hecho, y aunque esto corresponda más a motivos políticos y económicos, el siglo XVII y XVIII fue el de la decadencia del imperio español. En particular, si durante el siglo XVI se vivió cierta prosperidad tanto económica como demográfica, en el XVII se produjo una drástica reducción de la población, ya que parece ser que hubo una mortalidad extraordinaria entre 1600 y 1700 (en ésta última fecha era de siete millones de habitantes, cuando en un censo aproximado de 1590 se totalizaban 8.120.000 personas). El Mínimo de Maunder se tradujo en epidemias de peste bubónica especialmente virulentas (hubo tres brotes que causaron cerca de un millón de bajas). Además, las cosechas fueron tal vez las peores de la historia desde la modernización (relativa) de la agricultura, lo que originó desnutrición entre la mayoría de la población (algo que consecuentemente propició sublevaciones y revoluciones). A esto hay que añadir la contaminación de las aguas, desastres naturales… en fin, todo un cúmulo de infortunios para los españoles, que vieron desaparecer su dominio en Europa y, posteriormente, también en América.
En general, y de acuerdo con las mediciones recogidas en varios puntos del planeta, se puede afirmar con cierta seguridad que la Tierra padeció una disminución de temperatura de un grado por término medio. Los motivos de un Sol cambiante tan repentina y drásticamente no han sido puestos de manifiesto aún (aunque J. Eddy ha especulado con la posibilidad de que se debiera a una reducción del tamaño de nuestra estrella, tal extremo no se ha visto confirmado lo suficiente). El Mínimo de Maunder nos ha mostrado a un Sol muy diferente del que estamos acostumbrados a ver y sentir. Para poder afrontar futuros mínimos (o máximos) solares extraordinarios con la seguridad adecuada, es imprescindible estudiar más y mejor al Sol, comprender por qué varía su actividad y, en todo caso, aceptar que la Tierra no es un sistema cerrado a la que no le afectan los elementos externos a ella, sino que, como de un ser vivo se tratara, sufre y siente los cambios y se adapta a ellos en la medida de sus posibilidades.
Bibliografía
El Sol y los ciclos de actividad solar, Ángel Alberto González Coroas, UNIVERSO, nº 41, septiembre de 1998, págs. 36-46.
¿Es el Sol una estrella variable?, Víctor Rodríguez, Tribuna de Astronomía, nº 40, marzo de 1989, págs. 24-27.
La actividad solar y su historia, Ángel Alberto González Coroas, Tribuna de Astronomía, nº 131, octubre de 1996, págs. 14-19.
¿Existió realmente el mínimo de Maunder?, Ángel Alberto González Coroas, ASTRONOMÍA, nº 10, abril de 2000, págs. 32-41.
Una estrella llamada Sol, George Gamow, RBA, (Barcelona, 1993).

El mínimo solar actual comenzó en 2006
23 Abril 2009
Investigadores predicen la inminente llegada de la tormenta solar más intensa en los últimos 50 años.
Marzo 10, 2006: La noticia esta confirmada: el Mínimo Solar ha llegado. Las manchas solares han desaparecido. No hay llamaradas solares. El Sol se encuentra tranquilo.
Como la calma antes de la tormenta.
Esta semana un grupo de investigadores anunció que una tormenta viene en camino —la más intensa durante un mínimo solar en cincuenta años. La predicción fue hecha por el equipo dirigido por Mausumi Dikpati del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (National Center for Atmospheric Research ó NCAR). “El siguiente ciclo solar será de un 30 a un 50% más intenso que el anterior”, dice ella. Si esto es correcto, en los próximos años se producirá un estallido de actividad solar apenas menor que el del histórico máximo solar de 1958.




Ese fue un máximo solar. La era espacial apenas comenzaba: el satélite Sputnik fue lanzado en octubre de 1957 y el Explorer 1 (primer satélite estadounidense) en enero de 1958. En aquellos años no se podía saber si una tormenta solar se avecinaba viendo las barritas de intensidad de señal de un teléfono celular. Aun así, la gente sabía que algo grande estaba pasando porque las luces del norte se habían visto ya tres veces en México. Hoy en día, un máximo solar de intensidad similar tendría un efecto notable en teléfonos celulares, aparatos de GPS, satélites climatológicos y en muchas otras tecnologías modernas.
Derecha: Auroras de gran intensidad sobre Fairbanks, Alaska, en 1958. [Más Información]
La predicción de Dikpati es sin precedentes. En los casi dos siglos desde que se descubrió el ciclo solar de 11 años, los científicos han luchado por predecir la intensidad de los máximos futuros, y han fallado. Los máximos solares pueden ser intensos como el de 1958, o apenas detectables como el de 1805, sin obedecer a patrón alguno.
La clave del misterio, como se dio cuenta Dikpati hace varios años, es el Cinturón de Transporte del Sol.
Tenemos algo similar aquí en la Tierra: el Gran Cinturón de Transporte Oceánico, popularizado por la película El Día Después de Mañana (The Day After Tomorrow). Es una red de corrientes que llevan agua y calor de océano a océano —vea el diagrama abajo. En la película, el Cinturón de Transporte se detiene y esto ocasiona un caos en el clima terrestre.




Arriba: El “Gran Cinturón de Transporte
Oceánico” de la Tierra [Más Información]
El cinturón de transporte del Sol es una corriente, no de agua, sino de gas que conduce electricidad. Este fluye en un bucle que va del ecuador solar a los polos y de regreso. Tal y como el Gran Cinturón de Transporte Oceánico controla el clima de la Tierra, el cinturón solar controla el clima de nuestra estrella. Específicamente, controla el ciclo de manchas solares.
El físico solar David Hathaway del Centro Nacional de Tecnología y Ciencias del Espacio (National Space Science & Technology Center ó NSSTC) explica: “Primero, recuerde qué son las manchas solares —nudos enredados de magnetismo generados por el dínamo interno del Sol. Una mancha solar típica dura apenas unas cuantas semanas. Luego decae, dejando detrás de sí un “cadáver” de campos magnéticos débiles”.
Este es el cinturón de transporte.



“La parte superior del cinturón de transporte roza la superficie del Sol, barriendo los campos magnéticos de manchas solares pasadas. Los “cadáveres” son arrastrados hacia los polos y a una profundidad de 200.000 kilómetros donde el dínamo magnético del Sol puede amplificarlos. Entonces los cadáveres (nudos magnéticos) son reencarnados (amplificados), se vuelven boyantes y salen a flote en la superficie”. ¡Presto, nuevas manchas solares!
Derecha: El “Gran Cinturón de Transporte” del Sol. [Imagen ampliada]
Todo esto sucede con una gran lentitud. “Se requieren cerca de 40 años para que el cinturón complete un bucle”, dice Hathaway. La velocidad varía “entre un paso lento de 50 años a un paso rápido de 30 años”.
Cuando el cinturón se vuelve “rápido”, significa que muchos de los campos magnéticos están siendo barridos, y que el futuro ciclo solar será intenso. Esta es la base de las predicciones climatológicas solares: “el cinturón se estaba acelerando en el ciclo de 1986 a 1996″, dice Hathaway, “los campos magnéticos que fueron barridos entonces, reaparecerán ahora como grandes manchas solares en el período de 2010 a 2021″.
Como la mayoría de los expertos en su campo, Hathaway tiene confianza en el modelo del cinturón de transporte y está de acuerdo con Dikpati en que el siguiente máximo solar será muy intenso. Pero está en desacuerdo en un punto. La predicción de Dikpati sitúa al máximo solar en el año 2012. Hathaway cree que llegará antes, tal vez en el año 2010 o 2011.
“La historia muestra que los ciclos de manchas solares grandes se intensifican más rápido que los de manchas pequeñas”, dice. “Espero ver las primeras manchas del próximo ciclo a finales del 2006 o en el 2007, y un máximo solar que llega alrededor del 2010 ó 2011″.
¿Quién está en lo correcto? Solo el tiempo lo dirá. Pero de cualquier manera, una tormenta se avecina.
Fuente: http://ciencia.nasa.gov/headlines/y2006/10mar_stormwarning.htm
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Predicción Meteorológica Solar a Largo Plazo
22 Abril 2009
El ciclo solar 25, cuyo punto máximo tendrá lugar en 2022, podría ser uno de los más débiles en muchos siglos.
Mayo 10, 2006: El Gran Cinturón de Transporte del Sol ha disminuido su velocidad hasta batir el récord de lentitud, según la investigación realizada por el físico solar de la NASA David Hathaway. “Está en la parte más baja de los gráficos”, afirma. “Esto tiene importantes repercusiones para la futura actividad solar”.
El Gran Cinturón de Transporte es una corriente circulante masiva de fuego (plasma caliente) dentro del Sol. Tiene dos ramas, norte y sur, cada una de las cuales emplea 40 años en completar un ciclo. Los investigadores creen que el giro del Cinturón controla el ciclo de las manchas solares, y esa es la razón por la que esta desaceleración es importante.
Derecha: Perfil del “Gran Cinturón de Transporte del Sol”.
“Normalmente, el Cinturón de Transporte se mueve a una velocidad de un metro por segundo”, afirma Hathaway. “Así ha sido desde finales del siglo XIX”. En los últimos años, sin embargo, se ha desacelerado a 0,75 m/s en el norte y 0,35 m/s en el sur. “Nunca hemos visto velocidades tan lentas”.
De acuerdo con la teoría y con la observación, la velocidad del Cinturón predice la intensidad de la actividad de las manchas solares 20 años después. Un Cinturón lento significa menos actividad solar; un Cinturón rápido implica una mayor actividad. Las razones para esto se explican en Alerta sobre Tormenta Solar de Ciencia@NASA.
“La desaceleración que vemos ahora significa que el Ciclo Solar 25, cuyo pico (punto álgido) se producirá alrededor del año 2022, podría ser uno de los más débiles en siglos”, afirma Hathaway.
Esta es una noticia de interés para los astronautas. El Ciclo Solar 25 se produce en coincidencia con una gran actividad en el Programa Visión para la Exploración Espacial (Vision for Space Exploration), con hombres y mujeres de regreso a la Luna preparándose para viajar a Marte. Un ciclo solar débil implica que no tendrán que preocuparse demasiado por las erupciones solares ni por las tormentas de radiación.
Arriba: En rojo las predicciones de Hathaway para los dos próximos ciclos solares, en rosado la predicción de Mausumi Dikpati para el ciclo 24.
Por otra parte, tendrán que preocuparse más por los rayos cósmicos. Los rayos cósmicos son partículas de alta energía procedentes del espacio y capaces de atravesar los metales, el plástico, los tejidos humanos y los huesos. Para los astronautas expuestos a rayos cósmicos, el riesgo de desarrollar cáncer, cataratas y otras enfermedades aumenta. Irónicamente, las explosiones solares, que producen su propia radiación mortal, desplazan los rayos cósmicos, aún más mortales. Si las erupciones solares disminuyen, los rayos cósmicos se intensifican.
La predicción de Hathaway no debe confundirse con otra predicción reciente. Un equipo liderado por el físico Mausumi Dikpata de NCAR ha vaticinado que el ciclo 24, con pico en 2011 o 2012, será intenso. Hathaway está de acuerdo: “El ciclo 24 será fuerte. El ciclo 25 será débil. Ambas predicciones están basadas en el comportamiento observado en el Cinturón de Transporte”.
¿Cómo se puede observar un Cinturón que se sumerge 200.000 km por debajo de la superficie del Sol?
“Lo hacemos utilizando las manchas solares”, explica Hathaway. Las manchas solares son nudos magnéticos que surgen como burbujas desde la base del Cinturón de Transporte, alcanzando finalmente la superficie del Sol. Los astrónomos saben desde hace tiempo que las manchas solares tienden a desplazarse desde latitudes medias hacia el ecuador del Sol. Actualmente se cree que este desplazamiento es causado por el movimiento del Cinturón de Transporte. “Midiendo el desplazamiento de grupos de manchas solares”, declara Hathaway, “medimos, de forma indirecta la velocidad del Cinturón”.
Derecha: Hathaway establece la velocidad del Cinturón de Transporte haciendo un trazado del desplazamiento de grupos de manchas solares desde las latitudes más altas a las más bajas. Este trazado recibe el nombre de “Diagrama de mariposa”. La inclinación de las alas revela la velocidad del Cinturón de Transporte. [Más Información]
Utilizando los registros históricos de las manchas solares, Hathaway ha logrado establecer la velocidad del Cinturón de Transporte hasta 1890. Las cifras son claras: Durante más de un siglo, “la velocidad del Cinturón ha sido un buen indicador de la futura actividad solar”.
Si se mantiene la tendencia, el ciclo solar 25 en 2022, podría estar, al igual que el propio Cinturón “en lo más bajo del gráfico”.
Fuente: http://ciencia.nasa.gov/headlines/y2006/10may_longrange.htm

dimarts, 12 de maig de 2009

Nada que ocultar.

Podemos seguir ocultándolo pero los hechos hablan por si solos
Adjunto varios artículos extraídos de diferentes medios de comunicación escritos de varios años atrás. Solo es una nota informativa para hacernos eco de lo que hoy estamos viviendo. Los desastres naturales cada vez son mas frecuentes y destructores. Que está pasando? Esto es solo el principio de los que muchos denominan La nueva e inminente pequeña era glacial.La VanguardiaMEDIO AMBIENTEUn arma llamada cambio climáticoMark Hertsgaard - 29/02/2004 Es posible que George W. Bush no lo sepa, pero un sector influyente de su Gobierno se está tomando –por fin– con seriedad el cambio climático. Un excelente informe de un selecto equipo del Pentágono ha puesto de manifiesto que el problema del cambio climático constituye una amenaza para la seguridad nacional de la mayor gravedad y exige en consecuencia una respuesta inmediata. El informe de este equipo de ideas y planificación –la Pentagon's Office of Net Assessments– afirma que el cambio climático no sólo es real, sino que sus consecuencias podrían advertirse mucho antes y ejercer efectos mucho más graves de lo que suele suponerse. En el 2020, cuando los niños nacidos ahora cursen estudios superiores, el calentamiento de la Tierra podría acarrear una serie de catástrofes en cadena, incluidas sequías y hambrunas a gran escala, en tanto que podríamos asistir a disputas entre países como China, India y Pakistán por cuencas fluviales y otros recursos en un marco de escasez de agua y alimentos. Si se alcanza el punto crítico de inflexión en el problema del clima, el cambio climático podría sobrevenir bruscamente, en un periodo de tres a cinco años, desencadenando, irónicamente, una nueva glaciación. Una congelada Europa del norte sería prácticamente inhabitable. El Medio Oeste norteamericano se convertiría en un desierto y el sur de California en un erial. Aunque el informe del citado equipo del Pentágono declara que el riesgo de tales consecuencias es incierto y “posiblemente reducido”, dadas sus “fatales consecuencias, el debate correspondiente debería ir más allá del nivel científico. Es evidente la importancia de la adopción de iniciativas al respecto”. A Bush y a sus aliados en la defensa de los combustibles de origen fósil y de la industria de la automoción les parecerá que estas conclusiones son difícilmente admisibles. Sin embargo, convendrán en que difícilmente pueden pasarse por alto. La acostumbrada estrategia defensiva de quienes adoptan una postura negativa –que el cambio climático estriba más en una teoría abanderada por gente progresista que en datos científicos– no hará mella en Andrew Marshall, el cerebro pensante del informe del Pentágono. A sus 83 años, Marshall es una figura legendaria que trazó las líneas generales de la planificación estratégica a lo largo de decenios en el ámbito de las Fuerzas Armadas. Asimismo, fue un asesor de confianza del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, desde finales de los años setenta, cuando ambos figuraron entre los primeros defensores del sistema antimisiles, el santo grial de los conservadores. Se desconoce si Rumsfeld ha tenido ocasión de leer el informe sobre el cambio climático, pero Andrew Marshall o alguna otra persona de su entorno más próximo se aseguraron de que no fuera sepultado en el olvido: un ejemplar del estudio –sin carácter de documentación clasificada o protegida por motivos de seguridad– llegó a manos de la revista “Fortune”, que publicó un comedido aunque pavoroso resumen en su número correspondiente al pasado 9 de febrero. La iniciativa de Marshall para que una revista económica y empresarial tan respetada y leída como ésta publicara el informe en cuestión puede haber obedecido al propósito de sortear el escollo de la Casa Blanca para enviar un mensaje a los empresarios estadounidenses: “Despierten ante los peligros que representa el cambio climático. Esfuércense por cambiar el curso actual de la civilización”. Un efecto inmediato de lo que acabo de mencionar puede implicar al propio Banco Mundial, cuya dirección se pronunciará el próximo 15 de abril sobre otra polémica recomendación relativa a la supresión de todo tipo de ayuda económica al fomento del petróleo y el carbón, los dos combustibles que son los principales responsables de las emisiones de dióxido de carbono que impulsan el cambio climático. La votación de su junta plantea un dilema al presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, dado que tal recomendación procede de una comisión asesora que nombró el propio Wolfensohn para mostrar a las claras que el banco es una institución receptiva a las demandas y necesidades de la sociedad civil. Este órgano asesor del Banco Mundial (Extractive Industries Review, que fue presidido por Emil Salim, ex ministro de Medio Ambiente de Indonesia y consejero de una empresa carbonífera) presentó en su día los puntos de vista de diversos representantes de las empresas, sindicatos, gobiernos del Tercer Mundo, y organizaciones no gubernamentales. La era de la energía renovable La comisión en cuestión, aludiendo a los riesgos del cambio climático y sus frecuentes y graves efectos sobre la población local en materia de derechos humanos y polución, apremió al banco a suspender de inmediato todos los préstamos a las empresas carboníferas, fijando la fecha límite del año 2008 en el caso del petróleo. Recomendó, asimismo, que el banco aumentara los préstamos destinados a fuentes de energía renovables un 20% anual, otorgando a las poblaciones locales el derecho de veto sobre proyectos no deseados. Podría afirmarse que estos cambios equivalen prácticamente a una revolución en el modo de proceder del Banco Mundial, de modo que no es de sorprender que la dirección de esta institución se haya mostrado contraria. “El Banco –afirma Daphne Wysham, de la junta de gobierno del Instituto de Estudios Políticos de Washington DC e investigadora de los contenidos de la revista– ha sido, de hecho, uno de los principales financiadores públicos del cambio climático en el planeta.” Wysham observa al respecto que los préstamos energéticos del Banco Mundial revelan un marcado sesgo: un 94% de la ayuda total se destina a proyectos relativos a combustibles de origen fósil, y sólo un 6% a energías renovables, como la eólica o la solar. La dirección de la institución financiera propone en un documento provisional que su junta rechace prácticamente la totalidad de las reformas propuestas por la mencionada comisión asesora. En lugar de suspender los préstamos al carbón y el petróleo, su dirección propone la concesión de sumas por valor de 300 a 500 millones de dólares anuales con destino a nueva financiación. Los combustibles de origen fósil –razona este documento provisional– constituyen la energía más barata disponible y, en consecuencia, permiten augurar que los países del Tercer Mundo podrán salir más rápidamente de la pobreza. Sin embargo, el informe del Pentágono daña los argumentos de los defensores de la situación vigente. ¿Qué ventaja hay en salir de la pobreza para desembocar en un mundo sumido en el caos climático y la crisis social? Por desgracia, resulta improbable que tal razonamiento convenza a George W. Bush. Cualquier cambio en este sentido tendrá que esperar a que sea sustituido en la presidencia del país. Sin embargo, la junta directiva del Banco Mundial adoptará en breve una decisión crítica: o bien su dirección hará un llamamiento en favor de más carbón y petróleo, o marcará la senda hacia un futuro postindustrial por lo que se refiere a los combustibles fósiles. Si esta junta se toma la molestia de leer las advertencias y recomendaciones publicadas en la revista “Fortune”, resulta incomprensible imaginar que adopte la vía equivocada.El Periódico de Catalunya 01-mar-2004, 14:58El Pentágono advierte a Bush del peligro de una catástrofe climática- Algunos expertos de Estados Unidos advierten de que el cambio climático es más peligroso que el terrorismo - Los cambios abruptos podrían llevar al planeta al borde de la anarquía y la guerra nuclear al escasear los suministros básicos LA VANGUARDIA - 25/02/2004Barcelona. (Agencias.) – Altos “responsables militares norteamericanos” han censurado un informe encargado por el Pentágono según el cual los cambios climáticos amenazan con provocar una catástrófe planetaria y representar un peligro mayor que el terrorismo. Los cambios climáticos de los próximos 20 años podrían generar una tragedia de ámbito mundial con un coste de millones de vidas en guerras y desastres naturales, dice el informe secreto elaborado por el Pentágono, silenciado por los responsables estadounidenses de Defensa y obtenido por “The Observer”. El documento predice que los cambios climáticos abruptos y repentinos, generados fundamentalmente por los gases contaminantes que liberan las industrias, podrían llevar al planeta al borde de la anarquía y la guerra nuclear ante las dificultades para proveerse de suministros básicos, cada vez más difíciles de conseguir. Las ciudades europeas podrían verser sumergidas por la crecida de los mares, en tanto que para el 2020 Gran Bretaña tendrá un clima “siberiano”, añade el trabajo. En todo el mundo podrían producirse conflictos nucleares, grandes sequías, hambre y disturbios generalizados, según explican los autores del estudio. En este contexto, los países desarrollarán su capacidad nuclear para defender y asegurar la provisión de alimentos, el agua y la energía. La amenaza a la estabilidad global eclipsará ampliamente el problema del terrorismo, dicen algunos expertos que están al tanto de su contenido. “Los disturbios y los conflictos serán rasgos endémicos de la vida”, concluye el análisis encargado por el Pentágono. Las conclusiones son bastante humillantes para la Administración Bush, que se niega a tomar medidas decididas para combatir el cambio climático e, incluso, se ha negado a ratificar el protocolo de Kioto para reducir estas peligrosas emisiones a a la atmósfera. Los expertos sostienen que estas conclusiones inquietarán también al presidente Bush, quien viene insistiendo en la defensa nacional como única prioridad en su gestión política. El referido informe fue encargado por el influyente asesor de Defensa del Pentágono, Andrew Marshall, alguien que ha ejercido una considerable influencia sobre el pensamiento militar estadounidense en las últimas tres décadas. Los cambios climáticos “deben dejar de ser un debate científico para convertirse en un problema de seguridad nacional estadounidense”, dicen los autores, que son Peter Schwartz, consultor de la CIA y ex director de planeamiento del Royal Dutch/Shell Group, y Doug Randall de la Global Business Network de California. El escenario, inminente, de cambio climático catastrófico es “plausible y pondría a prueba la seguridad nacional de Estados Unidos en formas que deben analizarse de inmediato”, concluyen. Inundaciones generalizadas por el aumento de los niveles del mar son una de las amenazas más temidas. La semana pasada, la Administración Bush fue atacada por un importante grupo de prestigiosos científicos, en el que figuraban 20 Nobel, que la acusan de manipular la ciencia para satisfacer su agenda política y silenciar de esta manera los estudios que no le gustan. Jeremy Symons, ex integrante de la Environmental Protection Agency (EPA), dijo que silenciar el informe durante meses constituye un ejemplo más de que la Casa Blanca trata de enterrar la amenaza de los futuros cambios climáticos. Importantes expertos en climatología consideran que sus veredictos podrían ser un catalizador para obligar a Bush a aceptar que los cambios de clima son reales y merecen ser combatidos con medidas preventivas. También esperan poder convencer a Estados Unidos de que firme los tratados internacionales para reducir los gases de efecto invernadero.TEMAS RELACIONADOSSatellite Thermometers Show Earth Has a Feverhttp://www.nasa.gov/vision/earth/environment/Earth_Temperature.html10-may-2004, 15:51El clima del futuro // LA CIRCULACIÓN OCEÁNICALa nueva era glacial • Una controvertida teoría prevé para las próximas décadas un acusado descenso térmico en Europa• El deshielo del Ártico provocaría la desaparición de las corrientes cálidas que atemperan el climaSi desea ver el gràfico en PDF haga click en http://www.elperiodico.com/EDICION/ED040510/CAS/CARP01/PDF/g032dR99.PDFBARCELONA / 10.05.04 / EL PERIODICO de CataluñaBuena parte de Europa occidental podría quedar cubierta por la nieve en décadas venideras si se cumplen los peores augurios de una hipótesis que no sólo ha merecido el interés de los climatólogos, sino de la NASA, el Pentágono y hasta de Hollywood. Según la controvertida teoría, la miniglaciación sería una paradójica consecuencia del calentamiento global: la descongelación del casquete ártico y un cambio en el régimen de lluvias podrían alterar o incluso detener las corrientes atlánticas que atemperan el clima de Europa y, en menor medida, de América. Algunos estudios calculan un descenso de entre 3 y 10 grados en la temperatura media.Las corrientes superficiales funcionan como una inmensa estufa que acumula calor en el ecuador y lo transporta hacia latitudes septentrionales. Una vez en los mares árticos, las aguas se enfrían, se hunden y regresan hacia el punto de partida intertropical, "dejando espacio para que lleguen nuevas masas de agua cálida y salada --explica Antón Uriarte, profesor del Universidad del País Vasco (UPV)--. El problema surgiría si el eje de giro se trabase".La Gulf Stream, la principal corriente cálida del Atlántico norte, nace en el Caribe, atraviesa el Atlántico y llega a Europa. La rama principal pasa cerca de las islas británicas y Escandinavia, que serían las áreas más afectadas por su desaparición, pero su influencia se aprecia en mayor o menor medida en toda Europa, incluida la península Ibérica.DEBILITAMIENTOSirpa Hökkinen y Peter Rhines presentaron en abril en la revista Science un análisis mediante satélites que demostraba que la circulación en el Atlántico se había debilitado desde 1980, aunque insistían en que "faltan datos para saber si es una oscilación natural o una tendencia importante". En esencia, lo que le sucede a la corriente es que tiene más dificultades para hundirse e iniciar el recorrido de regreso hasta el ecuador. Su motor falla.El motivo es que el agua superficial ha perdido salinidad, densidad, debido a unos enormes aportes de agua dulce. ¿De dónde proceden? En primer lugar, del derretimiento de la hielos del Ártico, un fenómeno tan evidente que durante varios veranos ha sido posible navegar sin nada de hielo por el mismísimo polo norte. La NASA estima que los hielos perpetuos han disminuido su volumen un 9% por década.El segundo aporte de agua dulce ha sido el aumento de la pluviometría y del caudal de los ríos siberianos, en ambos casos porque el incremento de la temperatura ha favorecido la evaporación y la formación de nubes. El profesor Uriarte opina que este factor es mucho más importante puesto que el hielo del océano Ártico tiene un espesor medio de sólo 2 o 3 metros: "Su fusión no modificaría demasiado la salinidad. Que haya más lluvia, sí".Los expertos discrepan sobre si el fenómeno, en caso de producirse, sería abrupto o gradual, suave o cataclísmico, pasajero o duradero. Según Robert Gagosian, director de la Institución Oceanográfica Woods Hole, podría surgir de un modo inesperado en apenas 20 años. Uriarte, en cambio, opina que el cambio sería progresivo: "La corriente no dejaría de funcionar por completo, sino que más bien se debilitaría y, sobre todo, dejaría de llegar tan al norte. Además, hay que tener en cuenta que el calentamiento global contrarrestaría en parte ese enfriamiento".En cuanto a la duración, el profesor de la UPV dice que el sistema de corrientes "es posible que se rehiciese rápidamente porque el enfriamiento del Atlántico podría acarrear enseguida una disminución de las precipitaciones y un aumento de la salinidad". Javier Martín Vide, catedrático de la Universitat de Barcelona, opina lo mismo: en caso de producirse, la miniglaciación sería "un paréntesis brusco de pocos años, hasta que se recuperase un nuevo equilibrio. En cualquier caso, califica la teoría de "hipótesis que ha de aceptarse como cabal".Wallace Broecker, que formuló la hipótesis en los años 80, ha tomado cartas en el asunto para calmar el alarmismo, recuerda Uriarte. Broecker escribió en un artículo reciente que la supuesta miniglaciación tampoco sería en cuestión de décadas, sino más bien un siglo. Mientras los expertos se preguntan si el calentamiento global, responsable último del fenómeno, es de origen humano o natural, la NASA concluye con ironía: "Si el gran cinturón se detiene, no importará la causa. Los europeos estarán pensando en otras cosas; por ejemplo, en cómo hacer que crezcan cultivos en la nieve".*****************************************************************BARCELONA / 10.05.04 / EL PERIODICO de CataluñaBuena parte de Europa occidental podría quedar cubierta por la nieve en décadas venideras si se cumplen los peores augurios de una hipótesis que no sólo ha merecido el interés de los climatólogos, sino de la NASA, el Pentágono y hasta de Hollywood. Según la controvertida teoría, la miniglaciación sería una paradójica consecuencia del calentamiento global: la descongelación del casquete ártico y un cambio en el régimen de lluvias podrían alterar o incluso detener las corrientes atlánticas que atemperan el clima de Europa y, en menor medida, de América. Algunos estudios calculan un descenso de entre 3 y 10 grados en la temperatura media.Las corrientes superficiales funcionan como una inmensa estufa que acumula calor en el ecuador y lo transporta hacia latitudes septentrionales. Una vez en los mares árticos, las aguas se enfrían, se hunden y regresan hacia el punto de partida intertropical, "dejando espacio para que lleguen nuevas masas de agua cálida y salada --explica Antón Uriarte, profesor del Universidad del País Vasco (UPV)--. El problema surgiría si el eje de giro se trabase".La Gulf Stream, la principal corriente cálida del Atlántico norte, nace en el Caribe, atraviesa el Atlántico y llega a Europa. La rama principal pasa cerca de las islas británicas y Escandinavia, que serían las áreas más afectadas por su desaparición, pero su influencia se aprecia en mayor o menor medida en toda Europa, incluida la península Ibérica.DEBILITAMIENTOSirpa Hökkinen y Peter Rhines presentaron en abril en la revista Science un análisis mediante satélites que demostraba que la circulación en el Atlántico se había debilitado desde 1980, aunque insistían en que "faltan datos para saber si es una oscilación natural o una tendencia importante". En esencia, lo que le sucede a la corriente es que tiene más dificultades para hundirse e iniciar el recorrido de regreso hasta el ecuador. Su motor falla.El motivo es que el agua superficial ha perdido salinidad, densidad, debido a unos enormes aportes de agua dulce. ¿De dónde proceden? En primer lugar, del derretimiento de la hielos del Ártico, un fenómeno tan evidente que durante varios veranos ha sido posible navegar sin nada de hielo por el mismísimo polo norte. La NASA estima que los hielos perpetuos han disminuido su volumen un 9% por década.El segundo aporte de agua dulce ha sido el aumento de la pluviometría y del caudal de los ríos siberianos, en ambos casos porque el incremento de la temperatura ha favorecido la evaporación y la formación de nubes. El profesor Uriarte opina que este factor es mucho más importante puesto que el hielo del océano Ártico tiene un espesor medio de sólo 2 o 3 metros: "Su fusión no modificaría demasiado la salinidad. Que haya más lluvia, sí".Los expertos discrepan sobre si el fenómeno, en caso de producirse, sería abrupto o gradual, suave o cataclísmico, pasajero o duradero. Según Robert Gagosian, director de la Institución Oceanográfica Woods Hole, podría surgir de un modo inesperado en apenas 20 años. Uriarte, en cambio, opina que el cambio sería progresivo: "La corriente no dejaría de funcionar por completo, sino que más bien se debilitaría y, sobre todo, dejaría de llegar tan al norte. Además, hay que tener en cuenta que el calentamiento global contrarrestaría en parte ese enfriamiento".En cuanto a la duración, el profesor de la UPV dice que el sistema de corrientes "es posible que se rehiciese rápidamente porque el enfriamiento del Atlántico podría acarrear enseguida una disminución de las precipitaciones y un aumento de la salinidad". Javier Martín Vide, catedrático de la Universitat de Barcelona, opina lo mismo: en caso de producirse, la miniglaciación sería "un paréntesis brusco de pocos años, hasta que se recuperase un nuevo equilibrio. En cualquier caso, califica la teoría de "hipótesis que ha de aceptarse como cabal".Wallace Broecker, que formuló la hipótesis en los años 80, ha tomado cartas en el asunto para calmar el alarmismo, recuerda Uriarte. Broecker escribió en un artículo reciente que la supuesta miniglaciación tampoco sería en cuestión de décadas, sino más bien un siglo. Mientras los expertos se preguntan si el calentamiento global, responsable último del fenómeno, es de origen humano o natural, la NASA concluye con ironía: "Si el gran cinturón se detiene, no importará la causa. Los europeos estarán pensando en otras cosas; por ejemplo, en cómo hacer que crezcan cultivos en la nieve".*******************************************************************BARCELONA / 10.05.04 / EL PERIODICO de CataluñaVarias investigaciones recientes sobre paleoclimatología han dado alas a la teoría de la nueva glaciación. Hace 12.700 años, por ejemplo, un lago que ocupaba el norte del actual EEUU, el lago Agassiz, sufrió una rotura brusca --fruto a su vez de la fusión de grandes hielos-- y desaguó su contenido en el Atlántico, lo que provocó un descenso radical de la salinidad. No fue el mismo proceso que ahora, pero sí coincide el resultado: la corriente del Golfo se quebró y sus aguas cálidas dejaron de llegar a la costa de Gran Bretaña y Noruega, explica el profesor Antón Uriarte.El episodio es conocido como Younger Dryas porque la planta ártica de ese nombre colonizó toda Europa. Hace 8.200 años hubo otro episodio similar.Más recientemente, en las décadas de 1730 y 1740, Europa sufrió un periodo hoy conocido como la Pequeña Era Glacial, con hambrunas y severas heladas.

dilluns, 30 de març de 2009

La Gulf Stream.

Una teoría prevé para los próximos años un acusado descenso térmico.

LA CIRCULACIÓN OCEÁNICA Y EL CLIMA DEL FUTUROEl deshielo del Ártico provocaría la desaparición de las corrientes cálidas Buena parte de Europa occidental podría quedar cubierta por la nieve en décadas venideras si se cumplen los peores augurios de una hipótesis que no sólo ha merecido el interés de los climatólogos, sino de la NASA, el Pentágono y hasta de Hollywood.
Según la controvertida teoría, la miniglaciación sería una paradójica consecuencia del calentamiento global: la descongelación del casquete ártico y un cambio en el régimen de lluvias podrían alterar o incluso detener las corrientes atlánticas que atemperan el clima de Europa y, en menor medida, de América. Algunos estudios calculan un descenso de entre 3 y 10 grados en la temperatura media. Las corrientes superficiales funcionan como una inmensa estufa que acumula calor en el ecuador y lo transporta hacia latitudes septentrionales. Una vez en los mares árticos, las aguas se enfrían, se hunden y regresan hacia el punto de partida intertropical, "dejando espacio para que lleguen nuevas masas de agua cálida y salada --explica Antón Uriarte, profesor del Universidad del País Vasco (UPV)--. El problema surgiría si el eje de giro se trabase" . La Gulf Stream, la corriente cálida del Atlántico norte, nace en el Caribe, atraviesa el Atlántico y llega a Europa. La rama principal pasa cerca de las islas británicas y Escandinavia, que serían las áreas más afectadas por su desaparición, pero su influencia se aprecia en mayor o menor medida en toda Europa, incluida la península Ibérica. DEBILITAMIENTO Sirpa Hökkinen y Peter Rhines presentaron en abril en la revista Science un análisis mediante satélites que demostraba que la circulación en el Atlántico se había debilitado desde 1980, aunque insistían en que "faltan datos para saber si es una oscilación natural o una tendencia importante" . En esencia, lo que le sucede a la corriente es que tiene más dificultades para hundirse e iniciar el recorrido de regreso hasta el ecuador. Su motor falla. El motivo es que el agua superficial ha perdido salinidad, densidad, debido a unos enormes aportes de agua dulce. ¿De dónde proceden? En primer lugar, del derretimiento de la hielos del Ártico, un fenómeno tan evidente que durante varios veranos ha sido posible navegar sin nada de hielo por el polo norte. La NASA estima que los hielos perpetuos han disminuido su volumen un 9% por década. El segundo aporte de agua dulce ha sido el aumento de la pluviometría y del caudal de los ríos siberianos, en ambos casos porque el incremento de la temperatura ha favorecido la evaporación y la formación de nubes. Uriarte opina que este factor es mucho más importante puesto que el hielo del océano Ártico tiene un espesor medio de sólo 2 ó 3 metros: "Su fusión no modificaría demasiado la salinidad. Que haya más lluvia, sí" . Los expertos discrepan sobre si el fenómeno, en caso de producirse, sería abrupto o gradual, suave o cataclísmico, pasajero o duradero. Según Robert Gagosian, director de la Institución Oceanográfica Woods Hole, podría surgir de un modo inesperado en apenas 20 años. Uriarte, en cambio, opina que el cambio sería progresivo: "La corriente no dejaría de funcionar por completo, sino que más bien se debilitaría y, sobre todo, dejaría de llegar tan al norte" . Wallace Broecker, que formuló la hipótesis en los años 80, ha tomado cartas en el asunto para calmar el alarmismo, recuerda Uriarte. Broecker escribió en un artículo reciente que la supuesta miniglaciación tampoco sería en cuestión de décadas, sino más bien un siglo. Mientras los expertos se preguntan si el calentamiento global es de origen humano o natural.

dimecres, 4 de febrer de 2009

Informació que passa de llarg. Mini Glaciació

http://www.elperiodico.com/EDICION/ED040510/CAS/CARP01/PDF/g032dR99.PDFBARCELONA / 10.05.04 / EL PERIODICO de Cataluña.
Buena parte de Europa occidental podría quedar cubierta por la nieve en décadas venideras si se cumplen los peores augurios de una hipótesis que no sólo ha merecido el interés de los climatólogos, sino de la NASA, el Pentágono y hasta de Hollywood. Según la controvertida teoría, la miniglaciación sería una paradójica consecuencia del calentamiento global: la descongelación del casquete ártico y un cambio en el régimen de lluvias podrían alterar o incluso detener las corrientes atlánticas que atemperan el clima de Europa y, en menor medida, de América. Algunos estudios calculan un descenso de entre 3 y 10 grados en la temperatura media.Las corrientes superficiales funcionan como una inmensa estufa que acumula calor en el ecuador y lo transporta hacia latitudes septentrionales. Una vez en los mares árticos, las aguas se enfrían, se hunden y regresan hacia el punto de partida intertropical, "dejando espacio para que lleguen nuevas masas de agua cálida y salada --explica Antón Uriarte, profesor del Universidad del País Vasco (UPV)--. El problema surgiría si el eje de giro se trabase".La Gulf Stream, la principal corriente cálida del Atlántico norte, nace en el Caribe, atraviesa el Atlántico y llega a Europa. La rama principal pasa cerca de las islas británicas y Escandinavia, que serían las áreas más afectadas por su desaparición, pero su influencia se aprecia en mayor o menor medida en toda Europa, incluida la península Ibérica. DEBILITAMIENTO Sirpa Hökkinen y Peter Rhines presentaron en abril en la revista Science un análisis mediante satélites que demostraba que la circulación en el Atlántico se había debilitado desde 1980, aunque insistían en que "faltan datos para saber si es una oscilación natural o una tendencia importante". En esencia, lo que le sucede a la corriente es que tiene más dificultades para hundirse e iniciar el recorrido de regreso hasta el ecuador. Su motor falla.El motivo es que el agua superficial ha perdido salinidad, densidad, debido a unos enormes aportes de agua dulce. ¿De dónde proceden? En primer lugar, del derretimiento de la hielos del Ártico, un fenómeno tan evidente que durante varios veranos ha sido posible navegar sin nada de hielo por el mismísimo polo norte. La NASA estima que los hielos perpetuos han disminuido su volumen un 9% por década.El segundo aporte de agua dulce ha sido el aumento de la pluviometría y del caudal de los ríos siberianos, en ambos casos porque el incremento de la temperatura ha favorecido la evaporación y la formación de nubes. El profesor Uriarte opina que este factor es mucho más importante puesto que el hielo del océano Ártico tiene un espesor medio de sólo 2 o 3 metros: "Su fusión no modificaría demasiado la salinidad. Que haya más lluvia, sí".Los expertos discrepan sobre si el fenómeno, en caso de producirse, sería abrupto o gradual, suave o cataclísmico, pasajero o duradero. Según Robert Gagosian, director de la Institución Oceanográfica Woods Hole, podría surgir de un modo inesperado en apenas 20 años. Uriarte, en cambio, opina que el cambio sería progresivo: "La corriente no dejaría de funcionar por completo, sino que más bien se debilitaría y, sobre todo, dejaría de llegar tan al norte. Además, hay que tener en cuenta que el calentamiento global contrarrestaría en parte ese enfriamiento".En cuanto a la duración, el profesor de la UPV dice que el sistema de corrientes "es posible que se rehiciese rápidamente porque el enfriamiento del Atlántico podría acarrear enseguida una disminución de las precipitaciones y un aumento de la salinidad". Javier Martín Vide, catedrático de la Universitat de Barcelona, opina lo mismo: en caso de producirse, la miniglaciación sería "un paréntesis brusco de pocos años, hasta que se recuperase un nuevo equilibrio. En cualquier caso, califica la teoría de "hipótesis que ha de aceptarse como cabal".Wallace Broecker, que formuló la hipótesis en los años 80, ha tomado cartas en el asunto para calmar el alarmismo, recuerda Uriarte. Broecker escribió en un artículo reciente que la supuesta miniglaciación tampoco sería en cuestión de décadas, sino más bien un siglo. Mientras los expertos se preguntan si el calentamiento global, responsable último del fenómeno, es de origen humano o natural, la NASA concluye con ironía: "Si el gran cinturón se detiene, no importará la causa. Los europeos estarán pensando en otras cosas; por ejemplo, en cómo hacer que crezcan cultivos en la nieve".

dijous, 29 de gener de 2009

El cambio climático podría estar acelerando la llegada de una edad de hielo

El cambio climático suele asociarse a una subida global de las temperaturas provocada por la emisión de gases de efecto invernadero. Este fenómeno, aunque parezca contradictorio, podría suponer que amplias zonas del planeta quedaran cubiertas por el hielo. Mientras algunos expertos subrayan que no hay datos concluyentes al respecto, otros alertan de que esta "edad de hielo" podría ocurrir dentro de pocos años. En cualquier caso, los científicos también recuerdan que las glaciaciones son fenómenos naturales que han contribuido a la evolución del ser humano.

La Tierra no siempre ha registrado la misma temperatura a la que estamos acostumbrados; los cambios climáticos han sido frecuentes a lo largo de su historia, y las "edades de hielo" se han sucedido inexorablemente, de forma natural. Las glaciaciones atraviesan periodos relativamente cálidos, al producirse oscilaciones de temperaturas de unos pocos grados centígrados, suficientes para que los glaciares avancen o retrocedan miles de kilómetros. De hecho, el planeta se encuentra en la actualidad en un periodo interglacial cálido, dentro de la glaciación del denominado periodo Cuaternario. Los científicos saben, por las muestras de hielo recogidas en la Antártida, que el actual clima cálido es un pequeño oasis en el desierto de las frías glaciaciones. El Proyecto Europeo para la Extracción de Núcleos de Hielo en la Antártida (EPICA en sus siglas inglesas) muestra que, de los últimos 430.000 años, solamente entre un 5% y un 10% ha sido tan cálido como en la actualidad, y que en los últimos 800.000 años, los periodos cálidos interglaciales han durado una media de 6.000 años, con la excepción del actual, que comenzó hace 12.000 años, y de uno que alcanzó 28.000 años hace más de 450.000.
No existe consenso científico sobre el comienzo de una nueva glaciación
¿Cuándo llegará la próxima glaciación? A día de hoy los científicos no disponen de los conocimientos suficientes como para predecir el momento preciso. Según los investigadores del proyecto EPICA, la próxima edad de hielo tardará miles de años en aparecer, si los cambios climáticos producidos por el ser humano no afectan el ritmo natural. Sin embargo, algunos modelos climáticos predicen que la acción del ser humano sobre la naturaleza podría traer una inminente "mini edad de hielo". El deshielo del Ártico, como consecuencia del calentamiento global, podría paralizar la corriente oceánica del Golfo, que proporciona a Europa occidental y a la región este de Norteamérica su confortable clima. De esta forma, los veranos se volverían muy cálidos, extendiéndose hasta el otoño, mientras que los inviernos se harían muy intensos, prolongándose hasta la primavera. Finalmente, el clima en dichas regiones pasaría a ser ártico, lo que supondría una gravísima catástrofe natural para sus habitantes. Precisamente, el pasado año saltó una pequeña señal de alarma con un estudio que indicaba una reducción del 30% en las corrientes cálidas de la circulación oceánica en el Atlántico Norte. Se cree que el frenado en la circulación atlántica pudo provocar desde el año 1300 hasta aproximadamente el 1850 (aunque con algún intervalo) temperaturas lo suficientemente bajas como para congelar el río Támesis en Londres.

Por otra parte, las glaciaciones han sido determinantes en numerosos aspectos, tanto para los seres humanos como para la naturaleza; afectan al nivel del mar, que puede subir o bajar varias decenas de metros, y a los caudales de los ríos, así como a la distribución de las lluvias y al clima en general. Estos cambios han supuesto la desaparición de aquellas especies que no han sido capaces de adaptarse a la nueva situación. Por ejemplo, los estudios en fósiles confirman la teoría de que los dinosaurios desaparecieron debido a una glaciación que duró miles de años, tras el impacto de un enorme meteorito. Por su parte, los últimos dos millones de años aproximadamente han supuesto la lucha de la especie humana por adaptarse a los sucesivos ciclos glaciares, mediante el desarrollo del bipedismo, la inteligencia, las migraciones humanas a escala mundial o la civilización.

Causas de una glaciación:
La comunidad científica ofrece diversas hipótesis sobre las causas que provocan el inicio o el final de una edad de hielo:
Variaciones astronómicas: Las estaciones del año son más acusadas cuanto más se inclina el eje de la Tierra. En el denominado ciclo Milankovic, en honor del científico serbio que lo descubrió, el eje terrestre oscila de los 21° a los 24,5° cada 41.000 años. Además, la órbita terrestre alrededor del sol se alarga y se acorta cada 100.000 años, por lo que la superficie terrestre estaría más lejos y en consecuencia, los rayos solares no tendrían la fuerza necesaria para calentarla.
Catástrofes naturales, como la explosión de volcanes a gran escala o la caída de meteoritos de gran tamaño. Al provocar la emisión de grandes cantidades de polvo a la atmósfera se impide la llegada de los rayos solares a la superficie, lo que se traduce en el enfriamiento de la corteza.
La geodinámica terrestre: El movimiento de las placas tectónicas desplaza a los continentes a lo largo de miles de años. Si las placas continentales se concentran en latitudes altas, cercanas a los polos, las temperaturas bajan, ya que impiden que las aguas tropicales calienten el clima polar. Asimismo, el choque entre continentes también aumenta la actividad volcánica.